Ya mis piernas no me permiten correr, ni si quieran soportan el peso de mi cuerpo, ya no pueden, están derrotadas. Aunque no quiera, tengo que reconocer que he perdido, y que la felicidad que pensaba tener no es la que tengo. Aún falta muchos caminos que recorrer para llegar a la absoluta, o quizás parecida, felicidad. Si para este logro, tengo que correr, correré aunque no pueda; Nada es fácil, pero lo imposible no existe.
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